Gelatina de Mea
La escena comienza en la encimera de una cocina con dos chicas amateur jugando con vasos de gelatina transparentes. Una es castaña con el pelo largo y despeinado, lleva una camiseta blanca ajustada y shorts cortos. La otra lleva coletas, se ríe mucho, es delgada y tiene pechos pequeños. Sostienen la gelatina amarilla que tiembla; se nota que es pis por el olor. Se lo pasan por la nariz y se mueren de risa. De repente, una mete el dedo y lo lame. Empiezan despacio, entre risitas, pero siguen. La castaña se inclina y le da un buen lametón arriba. La de las coletas hace lo mismo. Después de unos minutos empiezan a comerlo con cuchara como si fuera un postre. La cámara se acerca; se ve la textura y cómo vibra cuando lo tocan. La iluminación es natural, parece de día. Sin música, solo sus voces y los sonidos viscosos. La castaña termina su vaso primero y lo deja con una sonrisa. La de las coletas va más lento, saboreándolo. Al final se besan, con la boca abierta, intercambiando saliva. Sin penetración ni desnudos, solo la gelatina y el desastre. Se siente real, no actuado. Como algo estúpido que harían unas amigas en una pijamada que se salió de control.